martes, 15 de abril de 2014

El miedo no liberado nos aprieta

"El miedo no liberado nos aprieta la garganta, el cuello y la zona inferior de la espalda, nos levanta los hombros, nos tensa la mandíbula y contrae el ceño, inmoviliza la pelvis y traba las rodillas. El miedo estampa su firma por todo el cuerpo, pero nos hemos acostumbrado tanto a él que nos hemos insensibilizado al mensaje claro y fuerte de nuestro lenguaje corporal. Este miedo generalizado se agrava solo, paraliza nuestra energía vital y agarrota nuestros sentimientos. Nos asusta tanto lo que podemos perder, estamos tan dolorosamente apegados a lo que tenemos, que nos congelamos en una muerte en vida para protegernos del dolor de la vida real. Por aferrarnos a la vida tal cual la tenemos, nos negamos un presente y un futuro vibrantes."
Gabrielle Roth (Mapas al Éxtasis)

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